Era de noche,
hacia frio y yo quería escapar a cualquier lugar. Sabía que el mundo era más
grande que la zona sur de Buenos Aires y Capital Federal, y yo quería verlo,
necesitaba descubrirlo, pensaba en eso cuando íbamos por el puente Pueyrredón
en busca de un bar para tomar algunas cervezas. Propuse la idea de fugarnos, de
volver en busca de un poco de dinero y partir sin rumbo, que maneje a donde le
dicte su intuición y allí nos quedaríamos un tiempo, pero la respuesta real fue
negativa, primero fantaseo conmigo la propuesta, imagino como seria y se tentó
con la idea de amanecer en las montañas, luego solo pudo decir no, que tenía
que recibirse, que era necesario asegurarse el futuro, a mí eso poco me
importaba, yo quería irme, quería dejar de lado lo racional e irme, de hecho
poco me importaba que él fuese mi compañía, se lo dije a él como se lo hubiese
dicho a cualquier otro u otra, lo que pretendía era una compañía, estaba
dispuesta a fugarme con quien me dijera que sí, pero no sucedió así que
terminamos tomando algunas pintas en un bar lleno de extranjeros, el lugar era
místico, por dentro era muy rojo, las luces amarillas y los ingleses jugaban al
pool. El patio era lo más símil a un cementerio que vi, pero no a cualquiera,
parecía el Cementerio de Recoleta, pero estábamos en San Telmo.
La noche paso,
fue agradable, volvimos, tuvimos sexo, dormimos, luego se fue y no volvimos a
vernos, pero desde esa noche fantaseo con fugarme.