Me descubrí rodeada de muñecos moviles disfrazados d principes y princesas, principes y princesas que a diferencia
de los cuentos de hadas son macabros, despotas, egolatras, entre otras falencias humanas.
Son muñecos porque no podemos dar cuenta que dentro suyo habite un alma, tendran solo conexiones sinapticas, pero carecen
de la calidez de un alma, estan rellenos de plastico, duritos y articulados. Yo los veo, los escucho, me deprimo, me repugnan,
les temo y los tomo como fiel reflejo de lo que no añoro en este mundo.
Los tomo como objeto de estudio, y escribo sobre ellos, para no intoxicarme con su plastico, para poder vomitar lo ue de ellos
consumo a diario, e intentaria justificarlos, y entenderlos, pero no puedo me resulta mas sencillo comprender a quien por haber tenido
una vida hostil genera un resentimiento contra la sociedad, que comprender a estos actores de la realeza que fueron embebidos
de ambicion, ue al carecer de espiritu necesitan jugar al ajedrez humano para poder sentir algo dentro suyo.
No los odio, seria darles un valor mas significativo del que tienen, pero tampoco los ignoro, Los observo, los estudio y
me alegro que no me consideren parte de su estirpe, me hace sentir humana ser la oveja negra que ansia saltar la cerca.
«Lo que más me importa en este mundo es el proceso de la creación. ¿Qué clase de misterio es ése que hace que el simple deseo de contar historias se convierta en una pasión, que un ser humano sea capaz de morir por ella; morir de hambre, de frío o lo que sea, con tal de hacer una cosa que no se puede ver ni tocar y que, al fin y al cabo, si bien se mira, no sirve para nada?» Gabriel García Márquez
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