Ardiendo a cada instante se extinguio.
Esa luz tan prominente se convirtio en nube de humo enceguesedora, pasó largo tiempo caminando a tientas por los pasillos del inframundo en el que se había sumergido, sin saber que había más alla de las paredes intangibles que le cerraban el paso. Olvido como era todo. El olfato había sido destruido, el taacto solo reconnocía lo aspero y el gusto sabia a panico.
Perdio la nocion del tiempo y el espacio, no podia reconocer si estaba lejos o solo había caminado en circulos. Se amoldo a la idea de vivir asi o por lo menos no tenia registro conciente de otra forma de vida.
Pero un día, todo cambio, porque no se puede permanecer por siempre de la misma forma, y un fuerte viento despejo el camino, el humo se fue vaya uno a saber donde y el sol penetro fuerte por sus pupilas encandilandole la razón y sintio el calor en su cuerpo cianotico y recordo que habian texturas esponjosas cuando pudo reconocer el aroma a cesped mojado. Y en una milesima de segundos revivio la claridad anterior, recordo el humo y aparecio la nueva luz.
No sabia como se habia extinguido, peor recordo al ave fenix y se pregunto si su renacimiento seria tan glorioso, no supo responderse y con un millar de dudas y ninguna certeza emprendio el camino...
«Lo que más me importa en este mundo es el proceso de la creación. ¿Qué clase de misterio es ése que hace que el simple deseo de contar historias se convierta en una pasión, que un ser humano sea capaz de morir por ella; morir de hambre, de frío o lo que sea, con tal de hacer una cosa que no se puede ver ni tocar y que, al fin y al cabo, si bien se mira, no sirve para nada?» Gabriel García Márquez
domingo, 20 de abril de 2014
Lo absurdo
Se sintió encerrado en un cuerpo que no le pertenecía,
en una vida que no reconocía, en un alma herida, en un mundo caduco. Se sintió
encerrado en un ser humano y lo odió. No quería ser parte de eso, no quería ser
relacionado con una especie capaz de hacer daño por placer, no quería ser
relacionado con una especie que teniendo la capacidad de pensar elige no
hacerlo, no quería ser parte de un TODO que le parecía bastante ABSURDO. Así es
que se levantó, abrió el cajón, saco el arma, miro a su alrededor, hizo un
gesto de despedida y se voló la tapa de los sesos. Siendo así un absurdo más
del todo
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